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De vacaciones
El día que vaya a la playa y consiga no quemarme a parches, me va a dar algo. Mira que siempre me echo la crema a conciencia… ¡hasta me echo crema por debajo del bikini! Pero nada, siempre se me escapan algunos parchecitos, y como consecuencia, parezco un extraño dálmata de color blanco y salmón. A veces los parches asalmonetados se convierten en moreno y acabo pareciendo una vaquita blanca y canela… ais.
Los parches con los que he inaugurado la temporada de playa de 2011:
- dos en el muslo izquierdo (parte delantera);
- una raya encima del borde superior de la braga del bikini;
- uno alargado en la parte trasera del muslo derecho.
Y, cómo no, me he quemado la raya del pelo, así que dentro de unos días, cuando empiece a despellejarse la zona, parecerá que tengo la lepra
.
Por cierto, no tiene nada que ver con el resto del post, pero si estáis pensando en pasaros a Orange, no lo hagáis. Me he ido a Estepona, pero dada la cobertura que tenía, parecía que me había ido a Marte…

Feliz
Dicho y hecho
(ojalá todo fuera así de fácil). Acabamos de reservar un apartamentito en Sagres para las tres.
Así que, próximamente, otro viaje como este:




Tres días y medio de relax, playas preciosas, buena comida y la mejor compañía. No se puede pedir más
.
¡Qué ilusión!
Verano…
Dos cosas buenas de este verano:
- mi jefa (o sea, yo misma) me ha dicho que tengo flexibilidad para cogerme días sueltos o semanas completas. ¡Qué lujo!
- Estoy planeando una escapada a Portugal con mis dos muy mejores amigas (parafrasando a Forest Gump). ¡Tengo muchas ganas!
Creo (espero) que hoy será el último día de mi dieta blanda. He sido algo atrevida para la merienda-cena y me he tomado un Bioputas y un minifilete de pez espada… a ver qué tal. Espero poder tomarme al menos una cerveza este fin de semana
.

Mirando a chicas en la playa
Ayer fui a la playa… ¡la primera sesión de playa del verano!
Como suele ocurrir, mi amiga y yo nos fijamos en las mujeres que había alrededor. Queridos amigos, os diré que en el 99,9% de los casos, si pasan un tío bueno y una tía buena a la vez, las mujeres van a mirar primero a la tía buena
. ¿Por qué hacemos esto? Creo que, en la mayoría de los casos, buscamos “deformidades” como las nuestras para sentirnos acompañadas, más normales, menos gordas. Por otra parte, y creo que esto lo he comentado en alguna que otra ocasión, no hay mayor amante de la forma femenina que las propias mujeres, y esto lo digo sin un ápice de lesbianismo ni segundas intenciones. El cuerpo femenino es bonito y a todas nos gusta contemplarlo.
Ante una jamelga macizorra, encontramos dos reacciones:
- Envidia chunga. Esta es propia de las mujeres que no pueden soportar tener a una tía buena al lado (sean ellas mismas guapísimas o no), y se dedican a poner verde cualquier defectillo que le encuentren, y en el caso de no encontrar nada, la llaman guarra o tonta.
- Envidia sana. Las que sentimos esto pensamos internamente “¡menuda guarraaaaaa!” (pero como se lo dirías a una amiga cuando se compra un bolso chulo a un 75% de descuento), sentimos un poco de envidia, nos lamentamos de no tener las tetas por la barbilla, le comentamos a nuestra amiga que menuda jaca, y seguimos leyendo nuestro libro o revista.
Es evidente que poner a parir a una tía buena que tiene bien colocado todo lo que a nosotras nos gustaría no nos hace más atractivas, así que desde aquí hago un llamamiento a todas las mujeres para que se saneen por dentro y no critiquen a la chica que tienen al lado: esta actitud sí que hace feas a las mujeres, y no va a hacer que nuestros “defectos” desaparezcan. Entrecomillo defectos, porque lo que para una mujer es un defecto, para otra es un atributo deseable. Ejemplo: el otro día, hablando de tetas con mis compañeras de trabajo, dijo una de ellas que si se le ponían las tetas grandes después de tener niños, que se operaba del tirón para reducírselas porque le encanta su pecho pequeño… todo lo contrario a mí misma, que desearía tener más, y si me llegase un regalito de ese tipo sin tener que poner 10 kg, lo fliparía y creería en los milagros
.
Hablando de físicos de mujer, he de decir que hay algo que sí me da mucho coraje, y es que una mujer no pueda expresar que otra mujer no le parece atractiva sin que algún listillo diga “eso lo dices por envidia“. Pues no, no es envidia, es un comentario objetivo: igual que digo, sin envidia, que Brad Pitt no me gusta, puedo decir que Monica Bellucci (por poner un ejemplo de tía buena tipo por la que más de un tío se me ha echado al cuello al hacer el comentario) no me gusta tampoco.
Aunque no soy una víbora, a veces me afecta ser redondita. Cuando veo a las amazonas patilargas, de pecho generoso y piernas esculturales, me entra un poco de bajón porque sé que por mucho que haga, nunca seré así, pero bueno, intento tomármelo con filosofía… o al menos más que antes. Lo que nunca hago, ni haré, será decir que la amazona es una guarra. Me compraré potingues, haré ejercicio, me operaré, haré lo que sea para sentirme mejor, pero nunca criticaré a otra mujer por el simple hecho de estar buena.
El fin del verano
Vengo de la calle de tomarme unas cervecitas. El ambiente ha cambiado: la ciudad está llena de gente, los bares al completo (hemos tenido que andar un ratito para encontrar uno con mesa libre en la calle), y corre una brisa que susurra “otoño”. Aunque el calor en Sevilla dure hasta finales de octubre, las noches de septiembre tienen un olor distinto a las de agosto.
Hace una noche bonita, y siento nostalgia. De nada en particular, supongo. Recuerdo vagamente un sentimiento general de bienestar y de equilibrio, que al final es lo que hace feliz a cualquier hijo de vecino.
Mi último finde de agosto terminó así:

Me encantan los colores de estas fotos, a pesar de ser fotillos de móvil.
(Me dediqué a contar la gente que nos miraba raro por llevar gorro. Paré después de tres
.)


