Mi opinión sobre las tiendas chinas
A finales del año pasado, tomé una decisión: la de no comprar más cosas en “los chinos” (es decir, en las tiendas de chinos). ¿Por qué? Pues porque me parece que compiten de forma desleal, y que entre todos estamos apoyando esa competencia que hace que el resto de los negocios similares vayan a pique.
El año pasado cerraron en España miles de pequeños negocios por la crisis, y estoy segura de que el consumo excesivo de productos de tiendas chinas contribuyó a ello. Es lógico: antes, cuando necesitabas un espiche, ibas a la ferretería; cuando necesitabas una barra de pan, ibas a la panadería; cuando necesitabas un litro de leche, ibas a la tienda de alimentación de la esquina de toda la vida. Yo misma he “pecado” de ello. Ahora, puedes comprar todos esos productos en tiendas chinas, y, a veces, todos ellos en una sola tienda (es cómodo, vaya). Además de tener un millón de cosas, sus precios son tan baratos, que es difícil resistirse.
Hasta que los chinos no cumplan los mismos horarios que sus compañeros españoles, yo no voy a pisar una tienda china más, a no ser que sea por caso de necesidad extrema. Y cuando cumplan el horario, ya me pensaré si comprar ciertos productos allí, porque suelen ser malísimos. No quiero ni acordarme de unos espiches que compré este verano en el chino de abajo porque estaba cerrada la ferretería…
Me da una pena tremenda pensar en todas las tiendecitas que han cerrado porque les han puesto tres chinos en el barrio. Por otra parte, también me da pena pensar en los pobres chinos que están trabajando en España sin descanso y pasándole casi todas sus ganancias a las mafias. Está claro que la moneda tiene dos caras, pero como desear es gratis, pues yo desearía que a las tiendas chinas empezasen a aplicarles las mismas normas que a las tiendas españolas, y que sus productos fueran menos malos.
Teniendo esto en mente, hoy he ido a Zailand, una tienda española, a comprarme un frutero y una cuchara para helado. Ambos Made in Spain (aunque me consta que Zailand, al igual que la mayoría de sitios en el mundo, vende también productos fabricados en China), y por el módico precio de dos euros y ochenta céntimos porque tenían un 60% de descuento en todos los productos. Si hubiera comprado los productos por el precio original, me habrían salido por el mismo precio, o menos, que en un chino. Conclusión: ¡dad una oportunidad a las tiendas españolas! Os pueden sorprender.
Y, cambiando de tema por completo: hace una noche espectacular para salir a la calle a tomar unas tapitas. Además, hay una luna muy bonita en el cielo… es una de esas noches en las que podría pasar cualquier cosa
. Qué queréis que os diga, la luna es una de mis debilidades…