Os presento a mi abuelo: un hombre de bien.

By , September 26, 2012 1:34 am

No tuve la suerte de conocer a mi abuelo por parte de padre, pero me habría gustado. Por lo que me cuentan, era un hombre bueno. Tengo entendido que era terco como una mula (algo frecuente en mi familia, me miro a mí misma), muy inteligente, un ávido lector, un autodidacta con interés por aprender todo lo que pudiera y un hombre adelantado a su tiempo en muchos sentidos (por ejemplo, tenía unas ideas muy modernas sobre nutrición y ejercicio que ahora se están poniendo muy de moda… ¡tremendo!). Murió de leucemia siendo bastante joven todavía… cuando se puso enfermo estaba estudiando la carrera de Matemáticas por gusto. Menudo crá.

Aunque parezca una tontería, siempre me he sentido unida a mi abuelo por una cosa que me contaba mi abuela. Desde pequeña tengo la costumbre de llevarme un libro a la mesa para leer mientras como. A mi abuela le encantaba, porque decía que había salido a mi abuelo; él hacía lo mismo. Cuando mi abuela me decía eso sentía que mi abuelo era un hombre con el que yo me habría llevado muy bien :-) .

(De pequeña-adolescente leía en todas las comidas… ahora ya estoy menos asalvajada y sólo lo hago en el desayuno, que es la única comida que hago sola, o bien cuando como sola. Y no, mis padres no me decían nada al respecto, algo que les agradezco enormemente ;-) .)

Además del cariño que siento por él, me resulta fascinante como personaje histórico. Mi abuelo fue uno de los miembros fundadores del Partido Comunista Español (su carnet llevaba el número 17), lo cual le causó, como podréis imaginar, bastantes problemas. No sólo con los falangistas, que querían matarlo por motivos evidentes, sino con los propios militantes de su partido, que lo consideraron un traidor porque no encajaba en el molde de comunista “al uso”.

Y es que mi abuelo era pacifista. No creía en la guerra como solución a los problemas, creía en el diálogo. En las revueltas previas a la Guerra Civil Española, mi abuelo impidió que el PCE asesinase a familias del otro bando (me cuenta mi padre que lo impedía físicamente: se ponía en las puertas de las casas actuando como barrera humana entre los asesinos y la familia… con dos cojones).

Para más inri, mi abuelo era católico, así que no le iba el rollo de quemar iglesias. Comunista, católico y encima defensor del diálogo entre personas de ideologías distintas. Mi abuelo se ganó muchos enemigos simplemente por no ser un borrego y tener dos dedos de frente.

No sabemos a ciencia cierta quién traicionó a mi abuelo después de la Guerra Civil, pero sospechamos por investigaciones que han llevado a cabo miembros de mi familia y por lo que contaba mi abuelo, que fueron “camaradas” suyos del PCE que consideraban que mi abuelo era un traidor que debía morir. El caso es que hubo un chivatazo, fue capturado y torturado durante un año (acusado de ser un espía para los ingleses) y posteriormente fue sentenciado a doble pena de muerte por traición a España. Mis abuelos se casaron en la cárcel el día antes de que mi abuelo fuera a ser fusilado.

Finalmente, gracias a la amistad que mantenía mi abuelo con un general franquista, le redujeron la condena a “sólo” ocho años de cárcel. Durante esos años mi abuelo estudió la carrera de Empresariales y además se dedicó a dar clases de lengua y matemáticas a los presos analfabetos.

Quizá sea una ingenua, pero estoy convencida de que si hubiera habido más personas como ese general y mi abuelo, la Guerra Civil Española no habría tenido lugar*. He tenido la suerte de poder leer la correspondencia entre ambos (mi familia conserva los documentos), y lo único que puedo decir es que me quito el sombrero ante esos señores. Ojalá los animales de bellota que piensan que con la violencia o la fuerza se consiguen soluciones sostenibles pudieran ver esas cartas.

Para mí, mi abuelo es un héroe y un ejemplo a seguir. Aunque difiera con él en cuanto a ideología política (el Comunismo me parece absurdo), admiro sus valores y su calidad como ser humano.

Me estoy acordando mucho de mi abuelo estos días. Me pregunto qué opinaría él de la situación actual de España.

Esta foto la tenía mi abuela en su habitación, y ahora la tengo yo. Son mi abuelo, mi abuela y mi tía abuela (la hermana de mi abuela).

Comparto a continuación una breve biografía que escribieron sobre mi abuelo aquí. No cuenta todo y se equivoca en el tema de la religión (mi abuelo no era un cristiano converso, era católico de toda la vida), pero es interesante, y deja patente que mi abuelo era un hombre coherente, justo, comprometido y convencido de sus ideales y creencias…

La biografía:

Nació en Sevilla el 9 de enero de 1909. A los 27 años, siendo trabajador de Sevillana de Electricidad, es elegido concejal por el Frente Popular del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra (Acta capitular de 11 de marzo de 1936, Archivo Municipal de Alcalá de Guadaíra). Fue miembro del comité provincial y del comité central del PCE. Su preocupación ante el problema del paro fue tal que el día de su toma de posesión quiso hacer “constar, en nombre propio, en el de los compañeros que han sido nombrados con él, y en el de la Minoría Comunista, que su misión especial al ocupar cargo en el Ayuntamiento es para colaborar con el mismo, sobre todo exigiendo el exacto cumplimiento de los extremos del Bloque Popular de las Izquierdas y en especial cuanto se refiera al paro obrero por cuya solución propugna, estando dispuesto a lograrla dentro del margen que le concedan las Leyes por lo que se interesa se nombre al efecto una comisión que estudie la solución del mismo”.

Morillo se ocupó también del problema de la financiación de los Ayuntamientos y del escaso margen de maniobra que dejaban a las instituciones los intereses del Banco de Crédito Local de España. Su interés por la educación y preparación de los jóvenes le llevó a pedir una ayuda mensual de cien pesetas para cubrir los gastos de desplazamiento a Sevilla y de material escolar de Ana Orea, una alumna que destacaba por sus notas y que vivía en extrema pobreza (acta municipal del 25 de marzo de 1936). Solicitó igualmente que se facilitaran las recetas de pobres benéficos -con específicos y no con fórmulas- a quienes hubieran necesidad de ellas, sancionando a los facultativos que se negaran a hacerlo así. Reclamó que se procediera contra el dueño de la finca Oromana por talar pinos (acta de 27 de abril), abogó por la creación de la Banda Municipal de Música (acta de 7 de mayo) y se interesó, entre otros muchos asuntos, por la mejora del alcantarillado, la diferenciación entre el alumbrado público y el privado, el abaratamiento de los alquileres y la rebaja de la jornada laboral de los barberos a ocho horas (Cfr. Actas capitulares del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra).

La actividad municipal de Morillo acabó -como en tantos otros casos- el 17 de julio de 1936. El día 18, sábado, un grupo de falangistas fue a buscarlo a su centro de trabajo, en la calle Cuna, sede de los reparadores de contadores. Pero aquel día Morillo no se encontraba allí porque tres o cuatro meses antes había conseguido, como presidente del Sindicato de Sevillana, en una negociación en Madrid, que el personal que trabajaba en reparación de máquinas y aparatos descansara los sábados, que era día laboral para casi todos los trabajadores. En su lugar, los falangistas asesinaron al guarda, un hombre de edad avanzada que -aquejado tal vez de sordera…, o de miedo- tardó en abrirles la puerta.

Morillo estaba en su casa, en Alcalá, cuando ocurrieron estos hechos. Al enterarse de que querían matarlo, se echó al campo junto con otros siete compañeros, temerosos también de lo que pudiera suceder a partir de entonces. Pasó todo el verano escondido. A pesar de las continuas batidas, la guardia civil no consiguió encontrarlo.

Con el frío del otoño, los compañeros de fuga de Morillo optaron por alejarse de aquel lugar. Él, en cambio, prefirió buscar cobijo en la casa de su familia. Se ocultó en el doble fondo de un armario. Fueron a buscarlo en dos ocasiones, sin éxito. Amenazaron a la familia, primero, y acabaron encarcelando a dos hermanos, después. Dos años permanecieron éstos en la prisión provincial de Sevilla.

Después de aguardar escondido durante cinco años, en junio de 1941 entra en contacto con el Partido Comunista, que decide su traslado a Madrid. Escapa por poco de una redada que la policía tiende en el barrio de Vallecas y el PCE acuerda que se marche a Valencia, donde ejerce diversos oficios, como el de vendedor ambulante, para poder subsistir. Pasa después a Barcelona para reorganizar el PSUC. Allí lo detienen en 1942.

Fue encarcelado y condenado a pena de muerte por un Consejo de Guerra, pena que le fue conmutada por la intercesión de don Romualdo de la Iglesia, teniente coronel jurídico que mantenía buenas relaciones con el general Franco. Acusado de un delito contra la Seguridad Interior del Estado, pasó por las cárceles de Porlier (en Madrid), Yeserías (donde contrajo matrimonio el 19 de abril de 1943), Sevilla y Chinchilla.

Puesto en libertad provisional el 23 de abril de 1950, a los 39 años de edad, regresó a Sevilla. Al poco tiempo entró en contacto con la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), se integró en ella y acabó formando parte de la Comisión Diocesana y, como vocal de zona de Andalucía, de la Comisión Nacional.

Comienza a trabajar en la Fábrica de Contadores, empresa en la que se iban a formar dos grupos cristianos, uno de HOAC y otro de JOC (Juventud Obrera Cristiana). A causa de su permanente lucha en defensa de los intereses de los trabajadores, es despedido junto con dos militantes comunistas cuyos nombres eran Valencia y Sebastián. Con algunos hoacistas que, por los mismos motivos, estaban en paro forzoso, decide montar una cooperativa de electrónica en Triana, que duró varios años.

Cuando en 1956 Guillermo Rovirosa, impulsor y promotor de la HOAC, fue destituido como vocal de su Comisión Nacional, el cardenal Plá i Deniel intentó hacer que abandonaran la organización aquellos militantes que más destacaban por su actitud crítica ante el Régimen. En ese grupo estaba Manuel Morillo.

Manuel Morillo fue el único sevillano -y también el único obrero- presente en el acto de constitución del Frente de Liberación Popular (FLP), que tuvo lugar, en la primavera de 1958, en los locales de la Iglesia de San Antonio de la calle Bravo Murillo, cuya iniciativa corrió a cargo de algunos grupos de católicos de izquierda, dirigidos por Julio Cerón. José Ramón Recalde, que en la democracia fue consejero en los primeros gobiernos vascos y sufrió en septiembre de 2000 un atentado de ETA que a punto estuvo de costarle la vida, escribe que “hubo un goteo de veteranos que se acercaron al Felipe y que eran, en buena parte, antiguos anarquistas o comunistas, conversos al catolicismo, como fue el caso del sevillano Manuel Morillo, veteranos a quienes esa organización nueva proporcionaba una posibilidad de incorporarse a la lucha desde su nueva fe. Bien acogidos por nosotros, su aportación no terminó de consolidarse, en buena parte porque ellos exigían cierto reconocimiento de su experiencia y nosotros éramos bastante iconoclasta”.

A mediados de los sesenta Morillo deja toda responsabilidad en la HOAC. En la década siguiente, Morillo colabora de nuevo con el movimiento en los planes de formación, sobre todo en los temas relacionados con el marxismo, hasta su muerte, acaecida el 13 de julio de 1978. Poco antes de las primeras elecciones democráticas de 1977 había pedido el reingreso en el PCE. Fue, por tanto, un cristiano-comunista convencido hasta el fin de sus días.

*Os recomiendo encarecidamente que veáis este vídeo en el que Jordi Évole entrevista a Manuel Milián Mestre, uno de los fundadores del Partido Popular. De verdad, merece la pena. Yo me emocioné muchísimo viéndolo.

Es interesantísimo por la reflexión de este señor sobre la política actual y la crisis, pero además viene a cuento en este post por una genial anécdota que cuenta. Al salir de un bar en el que había estado de tertulia con Fraga, Santiago Carrillo y un socialista, el joven Manuel le dice a Fraga que se ha quedado maravillado con la conversación que acaban de tener, a lo que Fraga le responde: “Querido amigo, si en el tiempo de la República, en el Parlamento este del Congreso de Diputados, hubieran habido muchos muchos bares y tabernas como esta, no hubiera habido una Guerra Civil”. Lo que os comentaba antes, si hubiera habido más personas con esa forma de pensar, opino que la historia de España habría sido muy distinta.

 

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