Vengo de la calle de tomarme unas cervecitas. El ambiente ha cambiado: la ciudad está llena de gente, los bares al completo (hemos tenido que andar un ratito para encontrar uno con mesa libre en la calle), y corre una brisa que susurra “otoño”. Aunque el calor en Sevilla dure hasta finales de octubre, las noches de septiembre tienen un olor distinto a las de agosto.
Hace una noche bonita, y siento nostalgia. De nada en particular, supongo. Recuerdo vagamente un sentimiento general de bienestar y de equilibrio, que al final es lo que hace feliz a cualquier hijo de vecino.
Mi último finde de agosto terminó así:

Me encantan los colores de estas fotos, a pesar de ser fotillos de móvil.
(Me dediqué a contar la gente que nos miraba raro por llevar gorro. Paré después de tres
.)
Maciza!
Yo estoy encantado con septiembre, lo malo es que el veranillo del membrillo está por venir.
Aquí es Otoño más o menos desde el 10 de agosto. Más triste…
Es un placer volver a leerte sin autocensuras
¡Tu culo me hipnotiza!
¿El veranillo del membrillo? Nunca había oído esa expresión… Siempre había escuchado lo del “veranillo de San Miguel”. Pero vaya, que sí, que ya volveremos a pasar un calor repugnante antes de que entre el frío real. ¿Hará tanto frío como el invierno pasado?
Pues vaya tela, chatunga…
¡Vente pal sur unos días!
Gracias, gracias. Espero poder mantener este sitio…
JAja bueno eso del veranillo es cosa de mi abuela, igual solo se dice en castilla